Pobreza: problema también urbano

Por: Álvaro Monge

Fuente: Diario Gestión

Fecha: 17 – 04 – 2019

En el Perú desde el 2015 la tasa de pobreza, es decir, la proporción de individuos que viven con menos del valor de una canasta básica de consumo se ha estabilizado alrededor del 21%, con cifras en la zona rural que se han ubicado ligeramente por encima del 40% y tasas urbanas más cercanas al 15%.

Lo anterior es revelador porque confirma que el periodo de rápida reducción de la pobreza culminó por lo menos hace 5 años. No solo por una desaceleración de la economía, que pasó de mostrar tasas de crecimiento promedio cercanas al 6% entre 2008 y 2013 a mostrar tasas de crecimiento más cercanas al 3% entre 2013 y 2018, sino sobre todo por una reducción de la elasticidad crecimiento pobreza. Es decir, el efecto que cada punto de crecimiento económico tiene sobre la tasa de pobreza de un país. En el caso peruano entre el periodo 2018–2013 cada punto porcentual de crecimiento aportó 0.2 puntos porcentuales en reducir la pobreza, la mitad del 0.4 para el periodo 2013– 2008 y la tercera parte del 0.6 para el periodo 2004– 2008. En otras palabras, cada vez es más difícil que nuestra economía por sí sola reduzca de manera importante la pobreza.

No obstante, lo que ha pasado relativamente desapercibido es que la estabilización de las tasas de pobreza coincide con un proceso de urbanización de la misma. Hace casi 20 años, Martin Ravallion en su artículo “On the Urbanization of Poverty” mostraba que las tendencias demográficas globales permitían pronosticar un acelerado proceso de urbanización de la pobreza mundial, donde hacia el año 2035 la mayoría de los pobres del mundo vivirían en ciudades. En el caso peruano no es necesario esperar tanto. Las cifras del Instituto Nacional de Estadística e Informática revelan que desde el año 2013 la mayoría de los pobres peruanos viven en zonas urbanas (51%), cifra que para el año 2018 ha alcanzado el 55%.

La pobreza urbana es un problema que puede pasar relativamente desapercibido en países en vías de desarrollo como el Perú, donde coexisten bolsones de pobreza estructural concentrados en áreas rurales (relativamente poco pobladas) y poblaciones económicamente vulnerables asentadas en grandes espacios urbanos, con el riesgo de ser invisibilizadas. Sin embargo, esta poca visibilidad es solo aparente, porque dada la dimensión del problema muchas de sus manifestaciones tienden a ser evidentes para el ciudadano: criminalidad, presión sobre servicios públicos, informalidad e ilegalidad, hacinamiento, insalubridad.

Si es que el efecto del crecimiento económico sobre la pobreza es cada vez menor, el reto de los próximos años será diseñar una estrategia de lucha contra la pobreza que sin descuidar su orientación rural (donde el problema es más grave) empiece a mirar la otra mitad del problema con políticas públicas específicas para las zonas urbanas (donde el problema es más grande).

Pobreza: problema también urbano