Macro al Díaseptiembre 8, 20210Panorama económico reciente

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Isaac Foinquinos, Economista Sénior de Macroconsult

Los últimos datos publicados del PBI muestran altas tasas de crecimiento interanual (junio: 23.4%, mayo: 48.3%, abril: 59.4% y marzo: 20.0%). Estas cifras, sin embargo, son engañosas dado que se comparan con meses del 2020 en los que la actividad económica estuvo paralizada parcialmente por la cuarentena impuesta por el Gobierno de turno. Para tener una visión más clara de la evolución de la economía resulta más útil comparar el PBI con similar periodo de 2019, año previo a la pandemia del coronavirus. 

En línea con lo anterior, se observa que el PBI alcanzó en el cuarto trimestre de 2020 su nivel precrisis sanitaria ante el efecto rebote producto de la reapertura de las actividades económicas luego de la prolongada cuarentena, así como de las diversas medidas de apoyo a las empresas (programas de créditos con garantía gubernamental) y familias (bonos, disposición de ahorros privados como la AFP y CTS). 

Sin embargo, durante el primer semestre del presente año el PBI reflejó un estancamiento del proceso de recuperación debido principalmente al impacto de la segunda ola de contagios por covid-19 y al retraso en el proceso de vacunación que mantiene a diversas actividades operando por debajo de sus niveles prepandemia (restaurantes, hoteles, transporte de pasajeros, entre otros). 

Para este segundo semestre, es bastante probable un enfriamiento de la economía. La razón principal sería la incertidumbre política que estaría paralizando e incluso cancelando decisiones de inversión ante la poca visibilidad y seguridad que generan las ideas que busca implementar el nuevo gobierno, en particular, la relacionada a la instalación de una Asamblea Constituyente que podría cambiar las reglas de juego. 

Al respecto, en los últimos meses los indicadores de expectativas empresariales que publica el BCRP han mostrado un deterioro ubicándose en terreno pesimista y en agosto alcanzaron mínimos no vistos desde las crisis de la Gran Recesión (2008-2009) y el Gran Confinamiento (2020). Históricamente esos indicadores anticipan la evolución de la inversión privada con uno a dos trimestres de rezago, por lo que es bastante probable que la economía se desacelere e incluso muestre tasas de crecimiento interanuales negativas hacia finales de año. 

Este panorama es preocupante porque de la inversión privada, que representa más del 80% de la inversión total del país, dependerá la recuperación sostenida de los empleos, salarios y consumo de los hogares que se han visto bastante afectados por la pandemia y, recientemente, por el alza de los precios. Por esta razón, el nuevo gobierno no debe perder tiempo y dar mayores señales de confianza a los agentes económicos para que puedan materializar sus planes de gasto. 

 

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