Editorial: Del G7 al G20

La pérdida de importancia del G7 en la producción global hace que el foro relevante de discusión sea ahora el G20.

La economía mundial ha registrado en las últimas décadas cambios que, por su rapidez y profundidad, tienen pocos precedentes en los registros históricos. La evolución del Grupo de los Siete (G7) nos da una idea bastante clara de su magnitud. En 1977, cuando esta organización se creó, sus miembros, Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania, Japón, Francia, Italia y Canadá, producían, en conjunto, un poco más del 50% del Producto Interno Bruto mundial.

Además, todos compartían valores políticos y económicos similares: practicaban, defendían y difundían la democracia como forma de gobierno y utilizaban la economía de mercado como régimen económico; siguiendo esta línea, promovían el comercio internacional y la globalización. En consecuencia, cuando se reunían, el resto del mundo hacia una pausa para prestar atención, porque sus líderes, al tener valores y objetivos similares, se podían poner de acuerdo con facilidad sobre materias que la mayoría de las veces tenían consecuencias globales.

Hoy, 42 años después, el mismo grupo de naciones representa, en conjunto, 30% del Producto Bruto Interno (PBI) mundial. Además, ahora son más las diferencias que separan a sus miembros que los objetivos que los unen. Estados Unidos, que lideraba el grupo, está en conflicto con la mayoría, entre otros, porque adoptó una política internacional aislacionista y una política comercial proteccionista. Gran Bretaña está dominada por las negociaciones con los otros miembros de la Unión Europea (UE) con respecto a su salida del grupo, el Brexit; e Italia está enfrentado con el resto de los miembros de la UE por su negativa a seguir su política inmigratoria, entre otros. En consecuencia, su capacidad para influir en los desarrollos globales, especialmente en los económicos y financieros, ha disminuido de manera significativa.

Lo notable es que la pérdida de importancia relativa de este grupo de países no se explica por catástrofes naturales, ni por guerras mayores, con la sola excepción de Estados Unidos, que sí tuvo dos conflictos importantes: la guerra del Golfo y la invasión a Afganistán e Iraq. La razón fundamental de la pérdida de su participación relativa ha estado en la velocidad de su crecimiento, en promedio, casi un tercio inferior al del resto de países.

Lo más notable que se puede observar de esta evolución de la economía mundial es la importancia de la economía de mercado para optimizar el crecimiento de las naciones, especialmente en sus etapas iniciales. El ejemplo más patente es China, que, bajo el modelo de planificación centralizado del régimen comunista, se mantuvo como una de las más atrasadas. Sin embargo, cuando Deng Xiaoping liberalizó la economía, introduciendo la propiedad privada y el libre mercado, da inicio al gran salto en crecimiento económico que experimenta su país, que lo lleva a ser ahora una de las dos principales potencias económicas del mundo.

Considerando la creciente irrelevancia del G7 para influir en la economía mundial, se ha creado el G20, que incluye, además de los siete, a Argentina, Arabia Saudita, Australia, Brasil, China, Corea del Sur, India, Indonesia, México, Rusia, Sudáfrica, Turquía y un representante de la Unión Europea. Estos países significan alrededor del 80% del PBI mundial y el 66% de la población mundial. Si bien tienen intereses y objetivos diferentes, constituyen el foro más propicio para tratar los problemas que aquejan al mundo. De manera especial, el G20 de ministros de economía y finanzas y el G20 de gobernadores de bancos centrales, se han constituido como los encuentros donde se tratan los problemas económicos y financieros globales, aunque por las diferencias en los intereses de los miembros, sus avances son, por lo general, muy lentos.

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