Chile

El impacto económico de la pandemia se sigue amplificando, lo que ha llevado a revisiones marginales a la baja en materia de actividad económica para el presente año.

Economía: El impacto económico de la pandemia se sigue amplificando, lo que ha llevado a revisiones marginales a la baja en materia de actividad económica para el presente año. La última Encuesta de Expectativas Económicas, levantada por el Banco Central de Chile, pronostica una caída algo superior al cuatro por ciento para el PIB el presente año, cifra más favorable que nuestra proyección, que sitúa la contracción en un 6,1 por ciento. Al efecto directo de las medidas de confinamiento, que significa el “congelamiento” de una fracción significativa de la actividad global, particularmente en las zonas urbanas, se agrega el comienzo de un efecto “segunda vuelta” derivado de la destrucción de empresas, puestos de trabajo y el consiguiente daño sobre el ingreso de las familias y sus expectativas económicas. La respuesta de política económica se ha centrado, en materia fiscal, principalmente en transferencias de recursos a personas y empresas, mientras la política monetaria prioriza la inyección de liquidez, y generar mecanismos que incentiven que el crédito llegue donde es más requerido. A pesar de las medidas que intentan acotarlo, lo cierto es que el impacto sobre el mercado laboral ha sido muy significativo, lo que nos lleva a estimar niveles de desempleo por sobre el 15 por ciento hacia mediados de año. El próximo año, entendiendo que la situación sanitaria tiende a normalizarse, el foco  estará puesto en reactivar la economía, con paquetes fiscales que incrementen el gasto directo, además de subsidios a la contratación laboral. Con todo, el importante deterioro provocado a la economía, llevará a que los niveles de actividad alcanzados el año 2019 sólo se logren recuperar hacia fines del año 2021.

Política: Luego del llamado “estallido social”, desarrollado a partir de octubre del año pasado,  la situación político institucional quedó seriamente dañada, con una polarización importante en las posturas entre gobierno y oposición, y una sociedad civil que manifestaba un profundo descontento hacia la política y las instituciones en general. Dicho proceso, que fue acompañado por grandes movilizaciones sociales y de mucha violencia promovida por minorías, apoyadas por los partidos políticos de la extrema izquierda, generó un serio deterioro al clima económico y las expectativas. El acuerdo para iniciar un proceso que, de ser votado mayoritariamente, permitiría la redacción de una nueva constitución, permitió descomprimir algo la presión social. La crisis sanitaria, y sus dramáticos efectos sobre la economía y las familias, ha puesto en pausa las movilizaciones, ha retrasado el proceso constitucional y, en general, ha restado al menos transitoriamente apoyo a las movilizaciones sociales. De parte de la oposición más moderada se percibe una postura más colaborativa con la autoridad, lo que debiera decantarse en un acuerdo político económico que comprometa los lineamientos centrales para enfrentar la crisis sanitaria y su impacto sobre la economía, con recursos adicionales para incrementar el gasto público en lo que queda del presente año y en el próximo.

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