Un problema gaseoso

Por: Diego Díaz Pastor

Fuente: Diario Gestión

Fecha: 03 – 04 – 2019

Recientemente se ha anunciado que la central térmica (CT) Pisco, propiedad de Egasa, será dada de baja ya que la compañía estatal ha decidido no renovar sus contratos de gas. Los ingresos que la empresa obtenía de la venta de energía y capacidad a sus clientes y al mercado spot no fueron suficientes para cubrir sus costos operativos.

Se ha dicho que esta es la primera víctima de la “guerra de precios” del sector eléctrico. La realidad es que esta central ha sido víctima de la inadecuada regulación del sector en lo que respecta al abastecimiento de gas natural. Para abastecerse del hidrocarburo, las centrales deben firmar contratos con todos los agentes de la cadena de valor: el productor, el operador del gasoducto y el distribuidor.

La regulación requiere que las centrales que operan a gas natural tengan siempre disponible la capacidad de transporte y distribución. La única forma de lograr esto es mediante la firma de “contratos firmes” que obligan a las centrales a pagar por la capacidad contratada, se utilice o no. Esta medida se dio debido a la incertidumbre que existía sobre el futuro de la capacidad de transporte de gas y para reducir el riesgo de demanda de las concesiones de transporte y distribución.

La contratación “en firme” es un requisito para que a la central se le reconozca potencia firme, que la habilita a firmar contratos con clientes y a recibir los pagos por potencia que se distribuyen entre las centrales del sistema.

El problema radica en la rigidez de estos contratos, frente a contratos interrumpibles. La producción eléctrica con gas natural tiene una alta estacionalidad debido al ciclo hidrológico. Así, durante el periodo de lluvias, las centrales reducen su consumo de gas y deben asumir el costo de la cláusula ship-or-pay. Más aún, las centrales que operan a ciclo simple, como la CT Pisco, tienen un consumo de gas variable debido a la poca frecuencia con que son ordenadas a despachar. Para ellas los contratos firmes se convierten en costos fijos.

En el mundo, las centrales ciclo simple abastecen al sistema en los momentos de mayor demanda o ante emergencias. Así, viven de los ingresos que obtienen por potencia, no de las ventas de energía. El problema es que en el Perú el costo de garantizar el suministro de gas es mayor a los ingresos que se obtienen por potencia. De este modo, la regulación está haciendo inviable que centrales ciclo simple a gas natural subsistan.

Esta es una falla que atenta contra el objetivo central de darle seguridad al sistema a costo mínimo, dejando como única alternativa de unidad marginal a centrales que operan a diésel. El Ministerio de Energía y Minas debe flexibilizar el requerimiento de contratación “en firme”. Así resolvería uno de los problemas centrales del sector eléctrico y evitará que los usuarios asuman mayores costos provenientes de potenciales compensaciones a las centrales térmicas.

Un problema gaseoso