Editorial: Tensión política y enfriamiento económico

Al riesgo externo de agravamiento de la guerra comercial entre Estados Unidos y China se suma el peligro de un incremento sustancial del ruido político.

La economía peruana no ha empezado bien en 2019. Durante el primer trimestre, de acuerdo con cifras oficiales, su crecimiento se desaceleró de manera marcada registrando 2.3%, por debajo del 4.7% del cuarto trimestre del año anterior.

Especial atención merece la performance de la demanda interna, que creció apenas 1.7%, como reflejo de comportamientos del consumo y de la inversión privada por debajo de lo esperado. El consumo, que mantenía tasas de crecimiento por encima del 4.0% anual, ha venido perdiendo dinamismo de manera persistente, registrando 3.4%. La inversión privada, por otra parte, aumentó en 2.9%, lo cual es preocupante si se tiene en cuenta que de no haber sido por el proyecto minero Quellaveco, la tasa hubiera sido bastante más baja. Esto significa que, en el conjunto de las empresas privadas no mineras, las decisiones de invertir no se están llevando a cabo con el dinamismo que se necesita para sostener el crecimiento futuro.

Las razones principales de este comportamiento de la demanda interna se encuentran, en primer lugar, en la incertidumbre que llega del exterior, como consecuencia del actuar del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, cuyas interferencias con las decisiones de su autoridad monetaria (Sistema de Reserva Federal, Fed) crean volatilidad en los mercados financieros. Además, por la política comercial proteccionista que ha impuesto, cuestionando y sometiendo a revisión los acuerdos bilaterales que Estados Unidos había firmado con otros países, y llevando a un escalamiento cada vez más peligroso la guerra comercial en la que está enfrascado con China. Para el Perú, estos desarrollos tienen impacto directo, especialmente la guerra comercial, que ha venido deprimiendo los precios de los minerales que exportamos, sobre todo el cobre, que cayó por debajo de US$ 2.70 por libra luego de estar por encima de los US$ 3.00, y amenaza con interrumpir el ciclo de auge de la economía internacional, sobre la cual se está apoyando la dinamización de la economía. En segundo lugar, la incertidumbre que provoca la situación política interna, especialmente por las tensiones entre el Ejecutivo y el Legislativo.

En la última revisión trimestral de nuestras proyecciones macroeconómicas incorporamos estos resultados, razón por la cual rebajamos el crecimiento esperado del Producto Bruto Interno (PBI) de 3.9% a 3.5% para el año. En esta proyección se contemplaba un segundo trimestre similar al del primero, es decir, de performance pobre, seguido de un segundo semestre con un crecimiento a una tasa de casi el doble a la del primer semestre. Sustentaban esta perspectiva razones estacionales identificadas y el cumplimiento de dos supuestos mayores: que en la guerra comercial Estados Unidos – China se llegue finalmente a un acuerdo y que la situación política interna no empeore. Incluso cuando el presidente Trump da la impresión de querer escalar aún más el conflicto con China, los mercados parecieran apostar por un acuerdo final. Por esta razón, si bien la incertidumbre se mantiene alta, los efectos negativos registrados hasta ahora ya han sido incorporados en nuestra proyección. Por lo tanto, salvo el conflicto se profundice y el cobre y otros minerales registren caídas adicionales, no debería cambiar la perspectiva de un segundo semestre de recuperación del crecimiento de la demanda interna.

Lo contrario parece que va a suceder con los desarrollos políticos internos. Desde el inicio de su gestión, el presidente Martín Vizcarra ha tenido una relación conflictiva con el Congreso. Esta lo llevó a utilizar el recurso de la Cuestión de Confianza como medio para forzar la aprobación, hasta ahora parcial, de los proyectos de ley sobre la reforma de la justicia. Lo acaba de volver a usar para forzar la aprobación de cinco de los 12 proyectos de ley que había presentado en relación con la reforma política. En consecuencia, se abrió un nuevo periodo de alta incertidumbre, cuya duración y profundidad dependerá de la respuesta que merezca el planteamiento del presidente por parte de la mayoría en el Congreso. Existe entonces una alta probabilidad de que aumente el riesgo de tomar decisiones a largo plazo (inversión y consumo duradero), lo que erosionaría las perspectivas de crecimiento en la segunda parte del año y, de repente, esta situación podría prolongarse más a futuro.

Editorial: Tensión política y enfriamiento económico