Editorial: ¿Se contagia Colombia?

En la última semana se registraron importantes movilizaciones sociales en Colombia que se suman a las de otros países vecinos.

A las recientes movilizaciones sociales en países de la región, se suman ahora las de Colombia, que pueden incrementar el riesgo de contagio sobre Perú.

Las movilizaciones sociales en varias ciudades de Colombia, de las más importantes en los últimos 10 años, se iniciaron el jueves pasado de manera pacífica y continuaron hasta el viernes en la noche, cuando se decretó un toque de queda en la capital, Bogotá, ante los actos de violencia registrados. Estos eventos coinciden con la crisis sociopolítica observada en Chile, por lo que es importante preguntarse si son fruto de un efecto contagio.

En primer lugar, es esencial entender el contexto en el que se desenvuelven las protestas. Colombia es un país miembro de la Alianza del Pacífico, bloque de países de Latinoamérica que busca tener políticas económicas promercado, tiene un ingreso per cápita de US$ 14,936, ligeramente superior al de Perú, pero aún lejos del de México y Chile. En términos de gobierno, se parece más al de Chile, pues los presidentes de ambos países son vistos como de derecha y entraron con la intención de realizar reformas a favor de la inversión privada.

Lo segundo es analizar las causas que llevaron a que se den las manifestaciones en Colombia. Al respecto, podemos señalar dos. La primera es la manera en la que el presidente de Colombia, Iván Duque, viene implementando y cumpliendo los acuerdos de paz firmados en 2016 por el entonces expresidente, Juan Manuel Santos, con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Existe la percepción de que el gobierno no tiene la voluntad de poner en práctica el acuerdo de paz debido a una serie de sucesos recientes de violencia en las zonas rurales del país, lo que desencadenó una moción de censura en el Congreso contra el entonces Ministro de Defensa, Guillermo Botero, y su posterior renuncia al cargo. Otro factor que apoya esta percepción es una presunta cercanía de Duque con el expresidente y miembro del Senado, Álvaro Uribe, uno de los principales críticos del acuerdo de paz, actualmente envuelto en una serie de escándalos de corrupción.

La segunda causa principal de las manifestaciones es la oposición a la eventual implementación de una serie de reformas económicas (tributaria, laboral y de pensiones) impulsada por el gobierno. Entre las medidas planteadas están el recorte de impuestos a las empresas y el aumento de los impuestos al consumo, el recorte del salario mínimo para los jóvenes, la eliminación de pensiones estatales, entre otras. El rechazo a estas medidas ocurre en un contexto en que la población en países como Chile, reclama políticas orientadas a aumentar el Estado de bienestar (mayor peso del Estado a costa de mayores impuestos a las personas y las empresas), por lo que no se descarta cierto efecto contagio, más aún porque las protestas han venido acompañadas de algunos pedidos, como mayores recursos para la educación pública.

Estos factores han llevado a que la aprobación del presidente Duque se ubique en niveles históricamente bajos (26%) a poco más de un año de haber asumido el cargo. Para calmar las protestas, convocó a una reunión a los organizadores (sindicatos, movimientos estudiantiles, entre otros) para iniciar una “gran conversación nacional” y lograr un mayor consenso en torno a las políticas a llevarse a cabo en diversos campos, como el crecimiento con equidad, la lucha contra la corrupción, educación, el proceso de paz, el ambiente y el fortalecimiento de las instituciones. Este hecho marca una diferencia importante frente a las protestas de Chile, en las cuales no hay interlocutores de la sociedad ante el gobierno, siendo ello uno de los factores que habría llevado a que las movilizaciones se extiendan hasta estas semanas.

Si bien aún no se puede hablar de un impacto económico significativo en Colombia como consecuencia de las marchas, dependiendo de cómo se manejen las demandas en los próximos días, la situación podría afectar las expectativas económicas del país en 2020.

Finalmente, la principal lección que podemos sacar de los eventos ocurridos en Chile y Colombia es que las políticas económicas procrecimiento, si bien son necesarias para reducir la pobreza y aumentar los ingresos de la población, no son suficientes para mejorar el bienestar y garantizar la paz social en los países. Temas como la desigualdad de oportunidades, la corrupción, el ambiente, las libertades individuales, la igualdad de género, la libre competencia, entre otros, están tomando cada vez más importancia en la sociedad. En Perú aún estamos a tiempo de empezar a discutir y llegar a consensos sobre lo que requiere el país, no solo en términos económicos sino también institucionales y sociales, para luego no caer en propuestas populistas que pongan en peligro todo lo conseguido hasta el momento. Esto será particularmente clave con miras a las próximas elecciones congresales y presidenciales.

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