Editorial: Nuevo Congreso y la reconfiguración del poder

La probable conformación del nuevo Congreso nos hace ser más optimistas con respecto a la etapa final del gobierno del presidente Martín Vizcarra.

Este domingo, la ciudadanía elegirá a los congresistas que van a completar el periodo del Congreso disuelto por el presidente Martín Vizcarra. Solo faltaría que los elegidos asuman sus cargos, probablemente en marzo, para que se haya restituido la plenitud democrática, luego de que el Tribunal Constitucional decidiera que la acción del presidente Vizcarra se ajustó a derecho. La pregunta que surge de inmediato es: ¿cuál será la conducta de este nuevo Congreso?.

Los resultados de las últimas elecciones nos han enseñado a no arriesgarnos con pronósticos. Sin embargo, se puede señalar que, con razonable probabilidad, el elector no va a favorecer a los candidatos de los extremos, por lo que el nuevo Congreso estaría integrado, mayoritariamente, por representantes de partidos ubicados en el centro, centro izquierda y centro derecha del espectro político. Si esta formación se da, deberíamos esperar, como primer cambio importante, una mejor relación entre el Ejecutivo y el Legislativo. No estará libre de fricciones, sobre todo cuando se inicie la campaña electoral de las elecciones generales de 2021, pero creemos que no se repetirá la confrontación permanente que caracterizó la anterior relación.

¿Habrá espacio en esta nueva relación para ejecutar la reforma política que está preparando el presidente Vizcarra? Esperemos que sí, porque es fundamental para mejorar la gobernabilidad futura del país. Sin embargo, la misma tiene partes controversiales, como la aprobación de una Cámara de Senadores, que además requiere reforma constitucional, que tendría menos probabilidades de aprobarse; y otras, como las elecciones primarias, que tendería a reducir el número de partidos participantes en cada elección y que probablemente sería aprobada.

A pesar del corto periodo de vigencia de este Congreso, tres legislaturas en poco más de un año, tiene por delante una agenda cargada e importante: en primer lugar, deberá revisar los 59 decretos de urgencia que se han publicado hasta la fecha. Hay varios importantes, como el que prolonga los beneficios tributarios y laborales a la agricultura de exportación, el que facilita las expropiaciones para ejecutar el plan de inversiones, el de control de fusiones, el que otorga prórroga para la devolución de impuestos a las actividades de exploración minera y de hidrocarburos, el de la lucha en contra de la informalidad en la educación privada, entre otros. La probable menor representación de la bancada de izquierda, que se oponía a algunas de estas medidas, como los beneficios laborales al agro, por ejemplo, y la presencia de congresistas nuevos que desconocen muchos de los temas, permiten esperar que la revisión sea rápida y no produzca cambios sustanciales en la orientación de los dispositivos aprobados.

Está, luego, el nombramiento de los seis miembros del Tribunal Constitucional. Desde hace ya un tiempo se ha superado el periodo de vigencia de sus nombramientos; y aunque se requiere mayoría calificada (85 votos a favor) para aprobarlos, pareciera que se va a dar. Lo importante es que se lleve a cabo la selección mediante un proceso transparente, lo que parece ser el interés de todos.

Seguramente el nuevo congreso tendrá que pronunciarse sobre la renuncia de Mercedes Aráoz a la segunda vicepresidencia de la República. De aprobarse, estaríamos en una situación inédita en nuestra historia reciente: en caso de ausencia o vacancia del presidente Vizcarra, su reemplazo sería el presidente del Congreso.

Aunque los congresistas no podrán aspirar a su reelección, creemos que el factor que va a tener peso en la actuación de este Congreso tiene que ver con los temas que son de mayor interés de la población, teniendo en cuenta la cercanía del próximo proceso electoral y el interés de los partidos políticos de usar el hemiciclo como caja de resonancia para mejorar su posición frente a los electores. En consecuencia, la lucha anticorrupción va a ser enfatizada por determinadas bancadas, lo que los acercaría al gobierno; mientras que los relacionados con la calidad de los servicios públicos y la marcha de la economía van a ser temas recurrentes de otras agrupaciones que buscarían criticar y distanciarse del gobierno, sobre todo en la medida que la aceptación del presidente Vizcarra disminuya.

Finalmente, con independencia del comportamiento del nuevo Congreso, la posición del presidente Vizcarra se ha fortalecido. La aprobación que recibe de la población se mantiene inusualmente alta para un gobernante que está a poco más de un año de abandonar su cargo. Esta podría descender en los próximos meses, sobre todo en la medida que se hacen públicos resultados económicos por debajo de lo esperado y se siguen exponiendo las consecuencias de la mala gestión de su gobierno en la atención de los reclamos de la población; aunque no parece que vaya a caer demasiado. En este contexto, su atención se enfocará, en lo inmediato, en buscar la colaboración del Congreso para la aprobación de la reforma política. Luego, creemos que pondría su atención en la preparación de los actos celebratorios por los 200 años de vida del Perú como república. En consecuencia, pareciera que el presidente Vizcarra puede esperar el término de su mandato con mayor optimismo.

Editorial: Nuevo Congreso y la reconfiguración del poder