Editorial: Mamita, los venezolanos

Si bien el ingreso de venezolanos a nuestro país va a generar tensiones en el mercado laboral, la respuesta adecuada no pasa por hacer más difícil su llegada.

Según la consultora Ecoanalítica (de la Alianza Latinoamericana de Consultoras Económicas -Laeco-), entre 2014 y 2018, el Producto Bruto Interno (PBI) venezolano acumularía una caída de 60.3%, mientras que la tasa de inflación alcanzó 124,395% en los últimos 12 meses. Esto se suma a un déficit fiscal que bordearía el 18% del PBI este año.

La profunda crisis económica en Venezuela ha provocado una migración sin precedentes en ese país y, en general, en toda la región en un periodo de tiempo muy corto.

Desde un punto de vista económico, la movilidad laboral y las migraciones son fenómenos que favorecen la eficiencia económica. Es decir, una mejor asignación de recursos. Así, las personas buscan mejores remuneraciones por su esfuerzo y las empresas buscan contratar trabajadores que apuntalen su eficiencia y productividad.

En procesos migratorios más largos, ordenados y de corte más permanente, los efectos son positivos casi desde el inicio (ver los casos de Australia, Canadá, entre otros). Sin embargo, si ocurren de manera masiva y en un periodo corto de tiempo, se pueden enfrentar algunas consecuencias negativas a corto plazo debido a que las decisiones de migración no responden, necesariamente, a las señales a largo plazo del mercado, y los países receptores tardan en reaccionar con políticas públicas adecuadas.

Este es el caso de la ola reciente de migrantes venezolanos hacia el Perú: se habría registrado la llegada de 350 mil migrantes en menos de un año y medio, lo que equivale a casi todo el crecimiento de la oferta nacional de trabajo en un año. Si se concentra en pocas ciudades y actividades (algunos servicios y comercio minorista) sus efectos a corto plazo serán de sustitución de empleos y reducción de ingresos. Así se explicaría, en parte, el rechazo en algunos sectores populares.

Por otro lado, parte importante de estos trabajadores son calificados, pero por razones coyunturales se encuentra laborando en ocupaciones de baja productividad y en sectores informales (con menores barreras a la entrada), desplazando a trabajadores locales con menos ingresos laborales y nivel de preparación.

En efecto, en un informe reciente (julio 2018) de la Organización Internacional para las Migraciones de las Naciones Unidas (OIM) se muestra que la población venezolana que ingresó al Perú ha ocupado principalmente puestos informales, de baja calificación, aun cuando cerca de 50% cuenta con educación universitaria y 25% con estudios técnicos superiores. Estas son personas que se ven forzadas a subemplearse, recibiendo salarios que están por debajo del valor de su productividad.

La evidencia en otros casos muestra que, si la migración sigue en los términos actuales, los efectos anteriores se intensificarían y se generarían empleos de peor calidad e ingresos, afectando incluso más a los propios migrantes y a los locales cuyos trabajos han sufrido una mayor sustitución.

Por eso es urgente que el gobierno tome medidas para “acomodar” la entrada, suavice sus efectos iniciales y logre una gestión “inteligente” de la migración. Esta consistiría en facilitar el acceso de los migrantes en aquellos segmentos del mercado en los que el Perú ha venido enfrentando crónicamente una escasez de oferta, por ejemplo, en el caso de técnicos para la manufactura, entre otros sectores. En este contexto, el Ministerio de Economía y Finanzas, el Ministerio de Trabajo, el Ministerio de Relaciones Exteriores y el Ministerio del Interior deberían coordinar a fin de aprovechar las oportunidades asociadas a la migración y, a la vez, minimizar las distorsiones a corto plazo en segmentos de bajos ingresos. Estos serán inevitables por la velocidad del incremento.

Finalmente, medidas como la de exigir pasaporte para restringir la entrada de venezolanos, si bien puede resultar popular, en el mejor de los casos es ineficaz y, en el peor, contraproducente. Según la OIM, entre las principales razones para iniciar su viaje están: 83% por motivos laborales y 32% por falta acceso a alimentos. Es decir, los motivos que impulsan a los migrantes a seguir movilizándose y evadir las restricciones impuestas son poderosos. Perú quedaría en una situación en la que no podría implementar mecanismos de identificación de las personas que llegan a sus fronteras y limitar su capacidad de gestión de la crisis migratoria.

Editorial: Mamita, los venezolanos