Editorial: La multiplicación de bancadas y la gobernabilidad

La pérdida de la mayoría absoluta que ostentaba Fuerza Popular en el Congreso modifica el panorama político.

En el curso de la semana, Fuerza Popular, el partido que obtuvo en las últimas elecciones generales la mayoría absoluta en el Congreso, perdió esta condición. Por un conjunto de razones, algunas de propia hechura, en menos de dos años la bancada compacta y disciplinada, liderada por Keiko Fujimori, ha recorrido el duro camino del dominio indiscutido a la posición de primera minoría, lo que la obliga a concertar con el resto de las agrupaciones en busca de acuerdos. Como lo sucedido es importante, resulta útil tratar de determinar cuáles pueden ser sus principales consecuencias.

Para comenzar, es necesario señalar que este no es un caso único o de rara ocurrencia. La misma experiencia la tuvo el gobierno de Ollanta Humala, para citar el ejemplo más cercano, aunque en esa oportunidad fue el Ejecutivo el que perdió su mayoría. En este, la mayoría la pierde el partido de oposición.

Evidentemente, la consecuencia principal recaerá sobre Fuerza Popular y, en particular, sobre su lideresa. Al respecto, hay que señalar que el proceso de declinación de este partido ha sido corto y, al parecer con visos de inevitable. Como no tiene una doctrina propia, como motivo principal que aglutina a sus miembros, los congresistas que resultaron electos estaban unidos, sobre todo, por intereses individuales con respecto al poder que proporcionaba el cargo. Por eso, la disciplina monolítica que presentaron al comienzo ahora se percibe como aparente. El primer golpe fue la disidencia de un número importante de congresistas que vio un mejor futuro en Kenji Fujimori, a la sombra de su padre. Luego se fueron acentuando sus debilidades conforme arreciaban los ataques de la prensa antifujimorista, hasta el punto en el que se llegó a desoír a la propia Keiko Fujimori, cuando desde prisión envió un mensaje público para que la bancada apoye al presidente Martín Vizcarra. Es posible que, en las circunstancias actuales, sin mayoría y sin posibilidad de postular a la reelección, la declinación de este partido se acelere.

Keiko Fujimori, mal aconsejada por sus abogados y asesores, decidió negar haber recibido contribuciones de Odebrecht para su campaña política, convirtiendo lo que legalmente era una falta administrativa, en un delito mayor: mentir a la justicia. Es posible que esta decisión se apoyase en la expectativa de que su poder en el Congreso haría prevalecer su posición. Ahora que ya no tiene mayoría y esa ilusión ha desaparecido, le queda la oportunidad de corregir esta versión para reducir la severidad de su castigo.

Para el presidente Vizcarra las consecuencias son más difíciles de determinar, ya que la imagen de un “enemigo” que bloquea sus pedidos se puede estar desvaneciendo. En consecuencia, sus éxitos dependerán de su capacidad para lograr que el Congreso apruebe los proyectos de ley que requiere para llevar a cabo las reformas que ha anunciado y las que el país necesita con más urgencia, sobre todo en materia económica. Una primera muestra se dio en la primera votación que realizó este nuevo Congreso, al no aprobarse el proyecto de ley sobre la Junta Nacional de Justicia, que había aprobado la Comisión de Constitución. Originalmente presentada por el presidente el 28 de Julio, era reclamado con insistencia por Vizcarra y el presidente del Consejo de Ministros, César Villanueva. En los próximos días se verá si se aprueba una nueva versión, ya que el funcionamiento de esta Junta es importante y urgente para iniciar la reforma del sistema de justicia.

En este contexto, el presidente tiene como desafío mayor el lograr una relación fluida con las nuevas fuerzas del Congreso, que le permita la aprobación rápida de los proyectos de ley que son de su interés. El tiempo que tiene por delante es corto, como señalamos en esta página la semana anterior, y ahora ha perdido peso el arma principal que venía utilizando, el voto de confianza con la amenaza del cierre del Congreso.

Las consecuencias para el Congreso son aún más difíciles de evaluar. Es indudable que sin una agrupación que monopolice las decisiones habrá más debate y pluralidad de opiniones, lo que en general es bueno. Sin embargo, esto puede retrasar la aprobación de leyes que son necesarias para avanzar en las reformas que se necesitan. Por otro lado, las fuerzas de la izquierda, anuladas por Fuerza Popular, van a ganar presencia, lo que puede significar mayor oposición a las reformas, especialmente en materia económica. Para finalizar, la fragmentación del Congreso puede ser el escenario propicio para aumentar el poder de los lobbies que promuevan leyes contrarias al interés de las mayorías.

Editorial: La multiplicación de bancadas y la gobernabilidad