Editorial: Equilibrios externos e internos

La solidez de los fundamentos de la economía peruana nos ha permitido hacer frente, con éxito, a los vaivenes de la economía mundial.

El Perú es una economía pequeña y, como consecuencia, está expuesta a los vaivenes de la economía mundial. En las últimas décadas, el alto crecimiento económico registrado se asocia a los ciclos expansivos de la economía internacional, traducidos, sobre todo, en altas cotizaciones de nuestros productos exportados, especialmente minerales.

Las dos desaceleraciones que se han experimentado en este período también han estado relacionadas con desarrollos externos, en estos casos, la crisis financiera de 2008 y la caída de las cotizaciones de los minerales a partir de 2014. Para ambos, la economía peruana tuvo la capacidad de absorber los choques de manera rápida y con costos moderados en términos de crecimiento. Esta fortaleza se pone en evidencia cuando se compara nuestra performance con lo sucedido en otros países de la región, donde los procesos de ajuste fueron más prolongados y costosos.

Ahora, como lo ilustra el artículo de este Reporte Semanal, que analiza la escalada de la guerra comercial entre Estados Unidos y China, está aumentando el riesgo de una nueva recesión mundial y una caída de la cotización de los minerales. Si añadimos la subida que está experimentando el precio del petróleo, del cual somos importador neto, que podría acentuarse por las tensiones entre Estados Unidos e Irán, no debemos subestimar el riesgo de una caída aún más pronunciada en los términos del intercambio entre nuestro país y el resto del mundo.

Para disminuir los efectos de los desarrollos negativos externos sobre nuestra economía es necesario, por un lado, adoptar políticas que permitan una diversificación de las exportaciones a fin de reducir nuestra dependencia de unos pocos productos, para lo cual se requiere aumentar la competitividad de la economía y utilizar la tasa de cambio con un objetivo a más largo plazo, el gran árbitro entre los precios nominales internos y externos. Por otro lado, se debe mantener el equilibrio macroeconómico, el factor que hasta ahora nos ha permitido absorber de manera exitosa los choques que nos llegan desde el exterior. En este tema es necesario señalar que el déficit fiscal, que en el pasado ha sido la causa fundamental de los desbalances macroeconómicos que hemos experimentado, actualmente constituye un factor de preocupación. Si bien el nivel del déficit es moderado y en los últimos tres años ha mostrado una tendencia decreciente que lo ha mantenido dentro de los límites del Marco Macroeconómico Multianual (MMM) aprobado, se sigue elevando el coeficiente de endeudamiento público, corriéndose el riesgo de que pronto sobrepase el límite de 30% del Producto Bruto Interno (PBI) que establece el MMM. Mas aún, la tendencia del déficit se explica, en parte, por a la falta de capacidad que viene demostrando el Estado para ejecutar el gasto público, especialmente de inversión. Además, se debe resaltar que, por la necesidad de equilibrar ingresos con gastos, los presupuestos públicos desatienden de forma sistemática el aumento del gasto corriente necesario para mejorar la calidad de los servicios públicos. La mala calidad de estos, especialmente seguridad ciudadana, salud y educación, es fuente permanente de descontento y reclamo de la población, lo que está a la base de la baja en el respaldo popular que sufren todos los gobiernos recientes, cuando se pone en evidencia que no pueden lograr los avances que se exigen. En consecuencia, la responsabilidad fiscal que hasta ahora ejercieron los gobiernos es precaria y podría ser abandonada por un gobierno débil o populista. Para dar solución duradera a la situación fiscal, es necesario aumentar de forma significativa los ingresos tributarios del Estado, lo que no ha podido lograr ninguno de los últimos gobiernos.

Por lo tanto, para absorber mejor los choques que nos llegan del exterior, es necesario desarrollar estrategias a largo plazo que permitan diversificar las exportaciones y, a corto plazo, mantener un sólido equilibrio macroeconómico interno.

Editorial: Equilibrios externos e internos