Editorial: Crisis política y sus posibles efectos económicos

La fase de enfrentamientos entre el Congreso y el Ejecutivo parece haber llegado a su fin. Sin embargo, el futuro cercano no está libre de riesgos.

Luego de tres años de iniciado un nuevo período democrático, parece que el conflicto entre los poderes Legislativo y Ejecutivo está llegando a su fin. Su persistencia a lo largo de este período ha causado un grave daño al país.

El conflicto entre los poderes Legislativo y Ejecutivo ha minado la convivencia política, ya que hasta el momento provocó la salida de Pedro Pablo Kuczynski como presidente de la Republica, la caída de dos gabinetes, la disolución del Congreso y, previamente, amenazó con vacar al presidente Martín Vizcarra. Esta situación afectó de forma negativa el comportamiento de la sociedad y la percepción de la opinión pública, que profundiza cada vez más su desconfianza hacia la política y sus actores. En lo económico, está erosionando de manera peligrosa la perspectiva de invertir y hacer negocios, en la medida que la incertidumbre acorta la visión a largo plazo y aumenta la probabilidad de que opciones antisistema accedan al poder aprovechando el caos imperante.

En este contexto, puede ser de utilidad evaluar los escenarios más probables que tenemos por adelante, a fin de extraer, en cada caso, las consecuencias que podrían tener sobre el desarrollo económico.

El punto de partida es la situación actual, en la que el presidente Vizcarra ha disuelto el Congreso. Su decisión ha sido respaldada por las Fuerzas Armadas y la Policía y, al parecer, tiene el respaldo de la población. El disuelto Congreso ha sido reemplazado por la Comisión Permanente, con facultades muy limitadas, ya que, entre otros, no puede legislar ni censurar ministros. Sin embargo, con alta probabilidad elevará al Tribunal Constitucional (TC), en consulta, la legalidad de la acción tomada por el presidente Vizcarra. En consecuencia, hasta que el TC no otorgue una respuesta, persiste la incertidumbre con respecto a la legalidad del gobierno y, por consiguiente, sobre su estabilidad. Si se tiene en cuenta la urgencia con la que la mayoría del Congreso quería nombrar a los nuevos miembros del TC, no parece probable que su decisión sea en contra del gobierno y esta disminuirá conforme avance el tiempo, especialmente con el nuevo Gabinete en funciones y con las acciones conducentes a la elección de los nuevos congresistas en plena ejecución. Mientras el fallo no se produzca, las perspectivas económicas continuarán siendo negativas. Aunque es muy poco probable, si el fallo del TC fuera contrario al gobierno, las perspectivas económicas se deteriorarían aún más ya que, dada la renuncia al cargo de la vicepresidenta Mercedes Aráoz, se debería convocar a elecciones generales dentro de los seis meses siguientes al fallo.

El escenario más probable es que las elecciones programadas para el 26 de enero del próximo año se realicen. En este caso, el Gobierno no va a tener oposición política relevante y va a poder legislar por Decretos de Urgencia. Esto le va a permitir poner en ejecución medidas muy demandadas por la población, pero hasta ahora postergadas, como podrían ser una ley sobre medicamentos básicos o la de fusiones. Sin embargo, la prioridad del presidente Vizcarra será conseguir una bancada propia que en el próximo Congreso sea mayoritaria o, por lo menos, significativa. Como él no pertenece a ningún partido político de representación nacional, buena parte de su esfuerzo se centrará en pactar con uno que tenga inscripción válida que lo represente, y en armar la lista de candidatos con personas leales y de su orientación. Luego, deberá hacer una activa campaña para que sean elegidos. Esto implica que, con alta probabilidad, la responsabilidad de gobernar va a estar en un segundo plano. En consecuencia, lo más probable es que la situación económica continúe sin mejoría durante el cuarto trimestre del año.

El resultado de las elecciones puede ser un Congreso con mayoría para la bancada de gobierno; o, alternativamente, uno con una mayoría de orientación de centro derecha; o, finalmente, una con orientación de centro izquierda. En el primer caso, si el presidente Vizcarra tiene mayoría en el nuevo Congreso, habría legítimas razones para aspirar a que complete la reforma de justicia que está pendiente; que lleve a cabo la reforma política que le negó el anterior Congreso; y que realice las obras y ejecute las políticas que ofreció, pero no ha podido concretar. Por otro lado, el riesgo en este escenario está en que ceda a la tentación populista, de la cual ha dado muestras, y acceda a los reclamos de todo tipo que se van a multiplicar.

De no contar con mayoría, es probable que se vea en la necesidad de negociar alianzas con otras bancadas. Teniendo en cuenta que la izquierda tiene una agenda propia que la llevaría, casi inevitablemente, a convertirse en la oposición al gobierno, lo más probable es que esta sea con partidos políticos de centro derecha, probabilidad que aumenta si Fuerza Popular decide no participar en estas elecciones. En este caso podrá ejecutar parte importante de su agenda. Por otro lado, por la misma necesidad de coordinar, es posible que el riesgo de la conducta populista sea también limitado. En este caso, las expectativas económicas deberían mejorar. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que, a partir del segundo semestre del próximo año ya se habrá iniciado la campaña electoral para las elecciones generales de 2021, con lo cual de nuevo aumentará la incertidumbre con respecto al resultado de esas elecciones, razón por la cual, en conjunto, no hay razones para considerar una mejora en las perspectivas económicas hasta que se produzca el cambio de gobierno en 2021.

Si las elecciones conducen a una coalición de centro izquierda, los riesgos aumentarían. Esto sería significativo si la izquierda obtiene un resultado muy favorable que le brinde un fuerte liderazgo sobre la alianza que se podría formar, porque desde el primer día va a buscar desestabilizar el gobierno en su afán de convocar a una Asamblea Constituyente. Este escenario, el menos probable, es el más negativo para la economía y su perspectiva a largo plazo.

Editorial: Crisis política y sus posibles efectos económicos