Editorial: Crecimiento regional y convergencia económica

Ad portas de las elecciones subnacionales, analizamos el crecimiento de las regiones y el proceso de convergencia económica entre ellas.

En algo más de una semana, los peruanos deberemos elegir nuevos alcaldes y gobernadores regionales para los próximos cuatro años. Las autoridades electas recibirán, en general, una economía en crecimiento (4% promedio anual en el bienio 2018-2019), ya que el entorno internacional se presenta todavía favorable y la demanda interna se ha mantenido relativamente estable en los últimos meses. Unido a esto, los precios de los commodities serán también más altos, lo que se traduce en mayores recursos. El reto para las autoridades entrantes será adaptarse, en el menor tiempo posible, al nuevo cargo y evitar así una caída abrupta de la inversión pública regional.

La dinámica regional presenta grandes diferencias. Lima sigue explicando más del 50% del Producto Interno Bruto (PBI) del país, y se espera que muestre un crecimiento de 4.5% promedio anual en el bienio 2018-2019. La economía de la capital está dinamizada fundamentalmente por los sectores no primarios y, dentro de ellos, por los servicios (59% del total).

El crecimiento de las economías del interior del país, por su tamaño, se encuentra muy influido por la puesta en marcha de grandes proyectos o por eventos puntuales. Así, Tacna sería la región más dinámica en los próximos dos años, con un crecimiento promedio anual de 11.7%, gracias a la puesta en marcha de la ampliación de la mina de cobre de Toquepala (Southern). Le siguen en orden, aunque algo lejos: Piura, Ica, San Martín y Loreto.

Piura tendría un crecimiento de 5.9% promedio gracias al rebote de crecimiento (el año pasado cayó 1.6%) y a las obras de la reconstrucción luego del Fenómeno de El Niño. Muy cerca encontramos a Ica, con un crecimiento promedio de 5.8%, gracias a la puesta en marcha de la ampliación de la mina de hierro de Marcona (Shougang) y a que se espera un incremento de la producción agrícola de exportación.

Un poco más atrás, pero con un crecimiento casi un punto por encima del promedio nacional, tenemos a San Martín y Loreto. El avance del primero se explica por el aumento de la producción agrícola, en específico del café, gracias a la etapa de madurez a la que han llegado las nuevas plantaciones luego del reemplazo que se hizo como respuesta al ataque de plagas hace unos años. El segundo, por la mayor producción de petróleo luego de los problemas ocurridos en el Oleoducto Norperuano en 2016-2017. Adicionalmente, hay que destacar que, a partir de 2019, Moquegua será una de las regiones líderes en el crecimiento regional debido a la construcción de Quellaveco.

En el otro extremo tenemos a Apurímac y Madre de Dios. Apurímac es la región de mayor dinamismo en los últimos 10 años, luego de la puesta en marcha del proyecto Las Bambas, y experimentó un cambio estructural que se tradujo también en un importante dinamismo para las actividades relacionadas. Así, los sectores no primarios crecieron 7.5% promedio anual en esos 10 años. Sin embargo, debido a que Las Bambas alcanzó su máximo de producción en 2017, y por la propia variabilidad de la actividad minera (por ejemplo, la planificación del minado), se espera que la producción minera caiga marginalmente en el bienio 2018-2019 (como de hecho se está viendo) y con ello se vuelva negativo el crecimiento de la región.

La historia de Madre de Dios es muy diferente. Como sabemos, la principal actividad económica que se realiza en esa región es la producción de oro ilegal, actividad que ha sido enfrentada por los últimos gobiernos debido a que no solo destruye el ecosistema amazónico, sino que también es un foco para la generación de rentas ilegales y, con ello, de lavado de dinero. Dado que se espera que el gobierno actual siga esa tónica, la economía de esta región caería 8.5% en el periodo bajo análisis.

Cajamarca merece atención especial. Como sabemos esta región se ha opuesto decididamente a la inversión minera y eligió autoridades que deterioraron las condiciones para la puesta en marcha de nuevos negocios. Debido a ello, en el periodo 2008-2017, creció apenas 1.8% promedio anual y se espera que para el bienio 2018-2019 la situación no sea muy diferente.

Este contexto de crecimiento tiene consecuencias sobre los márgenes de acción que tendrán las autoridades regionales y locales para llevar adelante políticas públicas a nivel local, por lo menos a corto plazo. Es la herencia que reciben. Sin embargo, las decisiones que tomen con respecto a la capacidad de atracción de inversión privada y eficiencia en el gasto público redundarán a mediano plazo en incrementar o limitar el avance potencial de sus regiones y, en última instancia, del país. Considerando la importancia de esto como determinante del bienestar de las familias a mediano plazo, la elección del próximo fin de semana adopta una relevancia económica particular.

Finalmente, una pregunta que surge al ver el crecimiento de las regiones es: ¿hay convergencia económica entre ellas? O dicho de otra forma: ¿los ingresos de las regiones en situación de mayor pobreza crecen más rápido que aquellos de las regiones en situación de mayor riqueza? Si analizamos el crecimiento de los últimos 10 años y el nivel de ingreso per cápita de 2007, encontramos que el proceso de convergencia ha ocurrido. Por ejemplo, el ingreso de los habitantes de regiones en sitación de pobreza, como Apurímac y Huancavelica, ha crecido a un ritmo promedio anual superior al 5%, mientras que el de las regiones relativamente más ricas, como Lima y Moquegua, lo ha hecho a tasas alrededor de 2% en el mismo periodo (ver gráfico de la semana). Sin embargo, la distancia entre regiones en situaciones de riqueza y pobreza todavía es muy grande y seguirá así por largo tiempo. Por ejemplo, si las tasas de crecimiento se mantienen, a Huancavelica le tomaría otros 19 alcanzar el nivel de ingreso que tuvo Lima en 2017.

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