Buenas prácticas en regulación

Por: Raúl Villacorta

Fuente: Diario Gestión

La regulación económica se restringe a situaciones en las cuales no se verifica la existencia de condiciones de competencia en los mercados. En este sentido, la potestad del regulador para fijar y revisar tarifas debe ser excepcional, y los beneficios derivados de la intervención regulatoria deben resultar mayores a los costos de la misma.

En este contexto, el Análisis de Impacto Regulatorio (AIR), surge como una herramienta metodológica que permite reducir la posibilidad de que “el remedio salga más caro que la enfermedad”.

El AIR aplicado a la regulación económica se caracteriza por contar previamente con un análisis del caso específico. Aún cuando en otros países o mercados ciertos servicios estén sujetos a regulación, ello no necesariamente ocurrirá en otras realidades. Por otra parte, aún cuando se identifiquen barreras a la competencia, no siempre los métodos regulatorios utilizados en otras realidades serán aplicables. Una discusión rigurosa sobre el método más adecuado de regulación es fundamental para el desarrollo de los mercados.

Una vez determinado el método regulatorio, es necesario que la regulación se aplique de manera consistente y predecible en el tiempo, permitiendo a las empresas planificar sus inversiones a mediano y largo plazo. En este contexto, la evidencia internacional muestra que el uso generalizado de técnicas como la regulación por “factor de productividad”, sin tener en cuenta indicadores importantes de la industria como la tasa de retorno, puede terminar afectando los incentivos a la inversión.

En el caso del Perú, este aspecto se ha visto agravado por la aplicación de revisiones tarifarias en el sector transportes a través de estas metodologías, que han sido pensadas o diseñadas para industrias maduras con altas tasas de innovación (por ejemplo, la industria de telecomunicaciones), y no necesariamente para proyectos con altos niveles de inversión inicial (por ejemplo, proyectos greenfield o brownfield en la industria portuaria y aeroportuaria).

Para abordar este último problema, sería pertinente abrir una amplia discusión entre todas las partes interesadas, que permita hacer una revisión crítica y actualización del marco regulatorio considerando la evolución de la discusión sobre la regulación de infraestructuras a nivel internacional. Un ingrediente importante en esta discusión será ampliar el abanico de opciones regulatorias disponibles para garantizar una mayor flexibilidad y adecuación a cada caso.

La existencia de un marco regulatorio predecible no implica diseñar una regulación “para toda la vida”. De hecho, una regulación que no se adecúa a la dinámica de los mercados puede llegar a ser costosa, o incluso inútil. La predictibilidad no solo garantiza estabilidad de reglas sino de mecanismos de adopción de decisión, basados en mejores prácticas internacionales y criterios técnicos asociados a la realidad de los mercados. Si cada mercado es diferente, la regulación debe adecuarse a ello.

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