Editorial: Estados Unidos versus Irán, otro riesgo para 2020

A la lista de riesgos para 2020 analizada en nuestro último editorial, se suma una potencial guerra entre Estados Unidos e Irán.

En nuestro comentario editorial de cierre del año pasado, analizamos los riesgos internos y externos que enfrenta la economía peruana para 2020. Dentro del segundo grupo indicamos que el principal peligro es la Guerra Comercial, el mismo que viene cediendo. Sin embargo, casi iniciando este año, las tensiones entre Estados Unidos e Irán llegaron a un máximo, resultado del sorpresivo ataque de las fuerzas estadounidenses a un convoy militar iraní donde resultó muerto Qassem Soleimani. Con ello, una potencial guerra entre ambos países se suma a dicho grupo de riesgos.

La situación de incertidumbre entre Estados Unidos e Irán genera la pregunta obvia sobre cuáles serían los canales por los que un eventual conflicto podría afectar el crecimiento mundial y a la economía peruana. Para responderla, debemos considerar que, en el pasado, situaciones similares han tenido, como efecto a corto plazo, una elevación del precio del petróleo (debido a que la zona en conflicto es productora de ese hidrocarburo) y del oro (por una elevación en la percepción de riesgo).

La elevación del precio del petróleo es siempre una mala noticia para países importadores netos de dicho producto, como es el caso del Perú: significa mayores costos para las industrias locales, lo que termina por afectar de forma negativa el nivel de producción total; y un aumento en el valor de la canasta de consumo afectando el poder adquisitivo de las familias. Este tipo “choques de oferta” es precisamente lo que se ha observado en anteriores crisis del petróleo, como la de 1973 (reducción de producción del cártel de productores), la de 1990 (Guerra del Golfo) y la de 2001 (inicio de la intervención de Estados Unidos en Afganistán), entre otras.

Sin embargo, el precio del petróleo podría no subir tanto como en el pasado. La razón es que el mercado mundial de petróleo sufrió un cambio estructural en 2014, cuando Estados Unidos se convirtió en uno de los principales productores debido a que nuevas tecnologías permitieron extraer de manera rentable el petróleo de esquisto (shale oil). Así, pasó a ser un exportador neto de tal insumo. Con ello, en los últimos años, toda subida del precio del petróleo ha motivado el aumento de la producción estadounidense de este producto, orientado a compensar los excesos de demanda que la motivaron. Por eso creemos que el incremento derivado del precio del petróleo podría ser atenuado por este mecanismo.

Por otra parte, la elevación del precio el oro sería beneficiosa para Perú, debido a que sus exportaciones explican algo menos del 20% de las exportaciones totales de nuestro país. El impacto combinado en nuestros términos de intercambio del efecto positivo del aumento del precio del oro y el efecto negativo del aumento en el precio del petróleo es incierto, aunque con la información disponible podemos argumentar que de ser negativo este sería marginal a corto plazo. De hecho, el precio del crudo se encuentra ya por debajo de los US$ 60 por barril, su nivel previo a la escalada de las tensiones.

De momento, la posición de Estados Unidos es bajar el tono de la confrontación a pesar de que sus bases en Iraq recibieron ataques de represalia. Sin embargo, a la luz de lo acalorado y largo que viene siendo el periodo de tensión entre ambos países, no podemos descartar una nueva escalada y, aunque es poco probable, un conflicto abierto. En tales circunstancias, las consecuencias a mediano plazo son impredecibles, pero con seguridad podemos señalar que un mundo en guerra nunca es una buena noticia para la economía.

Editorial: Estados Unidos versus Irán, otro riesgo para 2020