Artículo especial: Un cisne negro, el Covid-19

Las acertadas medidas tomadas por el gobierno han cambiado por completo el escenario económico.

Luego de experimentar el más bajo crecimiento económico a nivel global en una década durante 2019, este año se mostraba algo más alentador. Sin embargo, la llegada de un cisne negro, el llamado Covid-19, viene generando una crisis sin precedentes en múltiples países, cuyos resultados podrían ser solo comparables con la Gran Depresión de los años treinta.

El Covid-19 es uno de los siete tipos de coronavirus descubiertos hasta la fecha. Aunque se sabe que el primer caso se detectó en Wuhan (China) y que mutó en un animal hasta ser transmitido a una persona (al igual que sus pares, SARS y MERS), aún se desconoce qué lo originó y, por lo tanto, cómo se comporta. Esto genera aún una gran incertidumbre.

Las estadísticas recientes señalan que el Covid-19 posee un nivel de propagación y contagio más altos que el de otros coronavirus (SARS y MERS) e, incluso, que el del virus H1N1, responsable de la última pandemia (2009). Además, si bien su letalidad es baja, tiene efectos heterogéneos por edad y condición médica, sobre todo afectando a personas mayores de 60 años. Todo esto, sumado a un prolongado período de incubación de hasta 14 días, explican, en parte, su rápida y extendida proliferación.

De esta manera, ha logrado expandirse hacia 160 países, infectando a casi 250 mil personas y provocando la muerte de casi 10 mil. Si bien China sigue concentrando la mayoría de infectados (37% del total), parece haber controlado la propagación debido a las drásticas medidas que adoptó su gobierno desde inicios de año. Por el contrario, el resto del mundo no tuvo la misma respuesta, por lo que aún se observa un incremento sostenido, sobre todo en Europa (Italia y España).

Medidas impuestas por los gobiernos

La experiencia de China ha marcado la pauta con respecto a las medidas que se deben tomar para contener la propagación del Covid-19. En ese sentido, distintos países adoptaron políticas similares, con la finalidad de disminuir el número de contagiados, evitar colapsar los sistemas sanitarios y mayores pérdidas humanas. Algunos casos de éxito frente a respuestas inmediatas son el de Japón, Singapur y Corea del Sur, en contraste con el de Italia, Irán y España (ver gráfico 1).

En este contexto, nuestro país no ha sido la excepción al imponer el aislamiento social (eufemismo de cuarentena). Sobre todo, frente a una situación de eventual sobresaturación de la oferta de servicios de salud. El 78% de los hospitales no cuenta con la capacidad para atender las necesidades de la población correspondiente a su ámbito de intervención. Además, disponemos de 14 médicos por cada 10 mil habitantes, cuando lo recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) es 23.

Las distintas entidades del Estado han dispuesto una serie de lineamientos para hacer cumplir su medida: destacan la reasignación de partidas presupuestales para brindar soporte a diversas instituciones en favor de la lucha contra el Covid-19. Asimismo, se han tomado medidas para disminuir el estrés de la cadena de pagos del sector formal, prorrogando obligaciones tributarias, postergando el pago de servicios básicos (agua potable) e implementando licencias con goce de haber para quienes no puedan realizar teletrabajo. Además, el otorgamiento de una bonificación por S/ 380 a familias en situación de pobreza y pobreza extrema.

Por otro lado, el gobierno ha dicho que la cadena de abastecimientos no se va a interrumpir, incluso a pesar de las medidas más estrictas, como la inamovilidad obligatoria entre las 20:00 y 05:00 horas (eufemismo de toque de queda). Esto no debería complicar la situación de los transportistas que, principalmente, proveen de productos básicos a los principales mercados mayoristas.

Aunque se está atendiendo las necesidades de pobres, pobres extremos y del sector formal, existe un grupo de individuos informales (68% del total de ocupados dependientes en el sector privado dentro del área urbana) que, hasta el momento, habría quedado al margen de las acciones del gobierno. Este grupo también sería frágil en términos financieros, debido a su escasa seguridad de empleo.

Impactos y proyecciones

Si bien estas medidas atenúan el contagio durante la etapa de transmisión sostenida del virus, disminuyendo los impactos sobre la salud pública, amplifican los efectos negativos sobre la actividad económica. Además, la situación causa cambios bruscos en el comportamiento social, lo que resulta en un factor adicional en contra, que actúa de manera transversal y afecta, en particular, a la base de la pirámide.

De esta manera, los impactos sobre la economía vendrían por: i) menor demanda externa; ii) contracción del turismo, sobre todo internacional; iii) deterioro de expectativas; iv) pánico en consumo y v) paralización de distintas actividades, dadas las medidas de contención y mitigación.

Nuestros principales socios comerciales de Europa y Estados Unidos están pasando por una situación similar a la nuestra, por lo que es de esperar que su demanda se contraiga. Los principales productos comprados por estos son los de agroexportación no tradicional. Entre ellos, los que estarían en riesgo alto, dado que su campaña estaría por comenzar, son las paltas y los espárragos. Los de riesgo medio son los mangos y las mandarinas.

El turismo se compone de distintas ramas de actividad, generalmente vinculadas al sector de servicios. Representa un 3.6% del Producto Bruto Interno (PBI) y sus principales actividades son el transporte de pasajeros, la provisión de alimentos y bebidas y el alojamiento para visitantes. Este es el principal sector afectado, debido al quiebre en el flujo de visitantes internacionales. Si bien los viajeros nacionales representan el 60% del gasto en este sector, el aislamiento social en nuestro país reduciría cualquier atenuante por parte de estos.

El deterioro de expectativas tiene como correlato el posponer decisiones de inversión y consumo de bienes duraderos. Con respecto a la primera variable, observamos que en febrero último la confianza empresarial se ubicó en zona pesimista (48.2, por debajo de 50). Esto nos permitiría anticipar una mayor contracción en la inversión privada hacia la segunda mitad del año. La variable ya venía golpeada por los efectos de la Guerra Comercial y el elevado ruido político local. Entre junio y noviembre de 2019, se mantuvo permanentemente en zona pesimista.

El consumo privado, será, sin duda, uno de los más afectados por las medidas gubernamentales, dado que las familias no podrán realizar sus compras de manera normal, aunque no podemos descartar que el comercio relacionado a alimentos pueda crecer. En ese sentido, se tendrían resultados mixtos sobre distintas industrias, donde las que estén vinculadas con bienes esenciales serán favorecidas. Por el contrario, el consumo discrecional será el más afectado (ropa, calzado, etc.).

Finalmente, y como correlato de lo anterior, muchas empresas se han visto obligadas a suspender sus operaciones de forma temporal, con los riesgos financieros que eso implica. Lo peor es que no se puede descartar que algunas entren en problemas financieros mayores y tengan que cerrar.

Con todo lo anterior, nos vemos obligados a revisar severamente a la baja nuestros estimados para 2020. Si suponemos, como parece cada vez más probable, que el aislamiento social va a durar alrededor de 30 días (aunque no necesariamente seguidos) es de esperar que los PBI de marzo y abril caigan por encima del 25% y que la economía salga lentamente de ese choque. Así, nuestro estimado para 2020 se revisa a una contracción de 3.5%, siempre que no se vuelva a imponer una cuarentena generalizada a escala nacional.

Artículo especial: Un cisne negro, el Covid-19