Editorial: Reforma tributaria, a la espera de la letra chica

Es urgente una reforma tributaria ya que el país necesita elevar la recaudación para po-der proveer a la ciudadanía de servicios públicos de calidad.

En su presentación ante el Congreso, la Presidenta del Consejo de Ministros, Mercedes Aráoz, anunció su intención de solicitar delegación de facultades legislativas para actuar sobre cuatro temas, uno de los cuales es “la consolidación de la reactivación económica”. Al respecto, explicó que en la actualidad tenemos la presión tributaria más baja de los últimos 13 años y que la única forma sostenible de financiar las reformas estructurales es mediante una ampliación de la base tributaria y la reducción de los altos niveles de evasión.

Consideramos que el pedido debería ser atendido con diligencia por dos razones principales. La primera, pues la reforma tributaria es una necesidad urgente e importante. La presión tributaria actual no solo es la más baja de los últimos 13 años, es la cuarta más baja de los últimos 50 años y la tercera más baja de la región latinoamericana. Además, es insuficiente para financiar las crecientes demandas de la población por servicios públicos de calidad. Si el problema no se atiende a tiempo, será inevitable recurrir en un futuro no muy lejano al aumento de las tasas de los impuestos vigentes, a la creación de nuevos impuestos y a recortes del gasto público, con las consecuencias negativas que ello tiene sobre el crecimiento económico y el progreso social. En segundo lugar, porque una reforma tributaria de fondo va a afectar intereses y provocar fuerte oposición. Por eso es conveniente que una sola autoridad, en este caso el Poder Ejecutivo, se haga responsable de su diseño, aprobación y promulgación, quedando el Poder Legislativo con la facultad de revisarla con posterioridad.

La Presidenta del Consejo de Ministros ha señalado dos principios que van a guiar esta reforma y creemos que es necesario comentarlos. En primer lugar, ha señalado que debería estar dirigida a ampliar la base tributaria. Esta es una definición importante y marca un cambio de dirección con respecto a lo que ha venido realizando la Sunat, por lo menos durante los pasados 15 años. En este periodo, esta institución ha puesto casi la totalidad de su esfuerzo en mejorar la supervisión y seguimiento de los contribuyentes registrados, dejando como no prioritaria la tarea fundamental para el crecimiento sostenido de la recaudación futura, de incorporar a la base de contribuyentes a los que se mantienen al margen. Como consecuencia, el sistema tributario se ha vuelto ineficiente e injusto, ya que permite grados inaceptablemente altos de evasión y determina que no todos contribuyan en la proporción que corresponde con la obligación de pagar impuestos.

En segundo lugar, ha indicado la necesidad de simplificar el sistema tributario. Este es otro principio fundamental, ya que un sistema tributario óptimo con pocos impuestos, tasas únicas y aplicación universal, permite una mejor supervisión y eso hace posible minimizar la evasión en el pago de los impuestos. Por el contrario, cuanto más complejo sea, mayor será la evasión por la dificultad para supervisar y recaudar. Mercedes Aráoz ha señalado, específicamente, la necesidad de simplificar el sistema para las micro y pequeñas empresas. Sin embargo, este objetivo debería ser general, esto es, buscar simplificar todo el sistema tributario actual, y tendría que tocar uno de sus talones de Aquiles, las exoneraciones tributarias.

Creemos que se tendría que incorporar un principio adicional: buscar que el sistema impositivo no contribuya a crear ineficiencias en el funcionamiento de la economía. Lamentablemente, en nuestro país se ha impuesto la práctica de obligar a las empresas a realizar labores de supervisión y de recaudación de impuestos mediante mecanismos como las retenciones y detracciones, trabajos ajenos a su negocio, y a asumir obligaciones y riesgos que no les corresponden. Sin recibir, además, ninguna compensación por los mayores costos en los que incurren. La tarea de supervisar y recaudar le es exclusiva de la Sunat. Con esta práctica, en vez de ampliar y perfeccionar los mecanismos para hacer directamente su trabajo, se libera de esta obligación pasándole la responsabilidad a las empresas.

Siendo la Sunat la institución responsable de la recaudación, sería recomendable que se incluya su reorganización en esta importante reforma. Esto permitiría enrumbarla en la dirección correcta y proveerla de la estructura y medios para que pueda cumplir a cabalidad su función.

Editorial: Reforma tributaria, a la espera de la letra chica