Editorial: Paz política, por ahora

En el actual escenario político, la relación Ejecutivo-Legislativo debería mejorar ya que a ninguna fuerza le conviene precipitar un cierre del Congreso.

La censura del Gabinete del Presiente del Consejo de Ministros, Fernando Zavala, por el Congreso, culmina un periodo de persistentes enfrentamientos entre representantes del Gobierno y la oposición fujimorista. Con el nombramiento de Mercedes Aráoz como su reemplazo, se marca una nueva etapa que parece iniciar con buenos auspicios.

Se han hecho cambios en las carteras donde había fricciones con la oposición, Educación, Salud y Justicia; y, además, la Presidenta del Consejo de Ministros, Mercedes Araoz, dando muestra de su experiencia política, ha pedido público perdón por los excesos que hubiera tenido con la oposición en el pasado reciente y está llevando a cabo conversaciones dirigidas a mejorar la coordinación con las fuerzas políticas opositoras, en especial con las fujimoristas.

Esa intención parece correcta y necesaria. Con la negación de la confianza al gabinete saliente se pasó a un nuevo plano, en el que las consecuencias de desencuentros como el reciente, pueden llevar a la disolución del Congreso y a nuevas elecciones, evento que a ninguna de las dos fuerzas pareciera convenir.

Para el Presidente Pedro Pablo Kuczynski el riesgo parece ser muy alto, ya que teniendo en cuenta la aprobación a su gestión y la falta de una organización partidaria dinámica y motivada a nivel nacional, su nueva bancada podría resultar incluso inferior a la actual. Además, las diferencias que se han hecho públicas entre los dirigentes de Peruanos por el Kambio, aparentemente marginadas de la gestión de Gobierno, sugieren que muchos de los congresistas que conforman el círculo de colaboración cercano al Presidente que fueron elegidos como invitados del partido Peruanos por el Kambio tendrían dificultades para volver a ser candidatos, lo que debería propiciar una conducta más contenida y disciplinada. En consecuencia, no pareciera ser conveniente para el Presidente forzar una nueva elección congresal e, incluso, usar como arma de disuasión esa amenaza. Lo anterior quiere decir que, en adelante, el Congreso puede continuar ejerciendo su derecho de interpelar ministros e incluso a censurarlos, con poca probabilidad de que el Presidente ejerza su facultad de hacer la probable censura una cuestión de confianza, como acaba de ocurrir.

Para Keiko Fujimori, el riesgo es también alto. Si bien las encuestas señalan que en una nueva elección congresal tiene altas probabilidades de salir vencedora, e incluso mantener su mayoría absoluta, estas no tienen en cuenta las sorpresas e imponderables que suelen aparecer, como podría ser una nueva ola de rechazo como la que le impidió ser elegida en la elección anterior o el rol opositor que podría jugar su hermano Kenji. Pero por sobre todo esto, hay que tener en cuenta que el objetivo de Keiko Fujimori es ser elegida presidenta en las próximas elecciones generales y para ello necesita mantener una imagen positiva, alejada del papel obstruccionista que le quieren atribuir sus opositores y la prensa que le es adversa. En consecuencia, el Congreso debería continuar colaborando con el Gobierno como lo ha venido haciendo hasta ahora en los temas principales y se debería percibir una reducción de los excesos verbales que afloraron con frecuencia este primer año.

Como resultado de esta simetría de intereses, podríamos tener a futuro un periodo de relativa calma política, que duraría tanto cuanto la razón se imponga sobre las emociones. Los efectos de este probable escenario sobre el desarrollo económico serían crecientemente beneficiosos. Como hemos señalado en editoriales previos, la mejora de las condiciones externas está propiciando una reactivación de la actividad económica interna, que podrá ser más o menos dinámica dependiendo de factores extraeconómicos, entre los que destacan los políticos. Las tensiones que se venían acumulando en los últimos meses estaban propiciando el retraso de decisiones de inversión y de consumo duradero, que restaban dinamismo. En un contexto político más estable, con el futuro más previsible, mejoran las condiciones para optimizar el crecimiento económico.

Editorial: Paz política, por ahora