Editorial: Política fiscal contracíclica, llega tarde, pero llega

La inversión pública creció por encima del 13% en agosto, lo que indica que en el segun-do semestre y durante 2018 apoyaría el crecimiento del Producto Bruto Interno.

Desde hace tres años, la inversión pública ha tenido un comportamiento negativo, lo que atrasó el esfuerzo que se viene realizando para cerrar la brecha de infraestructura y contribuyó a acentuar la desaceleración del crecimiento económico que hemos venido experimentando.

Recientemente están aflorando señales que indican que esta tendencia ha llegado a su fin y que, por el contrario, deberíamos esperar un crecimiento cada vez más dinámico en el futuro. En los siete primeros meses de este año se continuó con el comportamiento negativo, ya que la inversión pública total registró una disminución de 3.6% con respecto al mismo periodo del año anterior. Alejándose de esa tendencia, en agosto la inversión creció en 13.5% y la revisión del resultado permite esperar que esta continúe durante el resto del año y en 2018.

La recuperación que se observa corresponde, en parte, a proyectos de tamaño medio o pequeño que involucran, sobre todo, a los municipios. Sin embargo, una parte importante son los grandes proyectos o programas de inversión especiales a cargo del Gobierno Central. Entre estos últimos destacan aquellos paralizados y que se han logrado destrabar. Entre los principales tenemos el del Transvase del Alto Piura (inversión total de US$ 754 millones) que ha reiniciado obras en junio. Para fin de año llegaría a perforar el primero de los 13 km de túneles que se deben ejecutar. La Línea 2 del Metro de Lima, que luego de estar paralizada por año y medio, reinició operaciones en julio y podría realizar obras en lo que resta del año por US$ 600 millones; el costo total del proyecto es de US$ 4,650 millones y debería avanzar a un promedio de US$ 850 millones anuales, hasta su finalización en 2021.

Hay dos programas de inversión que tienen carácter especial: la Reconstrucción con Cambios, que se está ejecutando para rehabilitar y reconstruir los daños causados por El Niño Costero; y las obras para los Juegos Panamericanos 2019. El primero, ambicioso, tiene asignado un presupuesto total de S/. 25,655 millones. Se encuentra en su fase de rehabilitación y planeamiento de la reconstrucción, y el gasto se debería acelerar conforme se pase a la fase plena de ejecución de obras. Su alcance, especialmente en las zonas devastadas por las lluvias, debería ser significativo. Por ejemplo, en Piura están programadas obras por S/. 7,541 millones, que representan el 30% del Producto Bruto Interno (PBI) de la región. Los trabajos para los Juegos Panamericanos tienen un presupuesto de S/. 5,000 millones, que se deberán gastar en obras de infraestructura deportiva, mejoramiento de la infraestructura vial y gastos operativos, todos en el área de Lima Metropolitana. El cronograma de obras se está ejecutando dentro de lo programado y concluye con la inauguración de los Juegos el 26 de julio de 2019. En días pasados, el consorcio español Besco-Besalco ganó la buena pro para la construcción del complejo habitacional que deberá ser entregado en febrero de 2019.

Si no aparecen factores que lo traben, estamos ante un sólido programa de inversiones públicas que debería ayudar a la recuperación del dinamismo del crecimiento económico, por lo menos en los dos próximos años. Sin embargo, hay dos riesgos que podrían obstaculizar estos planes. El primero tiene que ver con el cambio de autoridades, consecuencia de las elecciones municipales y regionales programadas para octubre del próximo año. Como no habrá reelección, todas las autoridades que asuman sus cargos en 2019 serán nuevas, por lo que se necesitará una fase de aprendizaje que puede afectar negativamente la ejecución de las obras. Sin embargo, este debería ser un bache temporal. Más preocupante es el comportamiento de la recaudación tributaria, que podría poner en riesgo el financiamiento. La presión tributaria se encuentra este año alrededor del 13.5% del PBI, casi 4 puntos porcentuales por debajo de la de hace cuatro años; aunque debería recuperarse paulatinamente en los años siguientes debido a la recuperación del impuesto a la renta de la minería que está en marcha. Sin embargo, si esta no es significativa, la situación fiscal podría tornarse difícil y, en esas circunstancias, como nos enseñan las experiencias pasadas, se termina afectando la inversión pública.

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