Editorial: ¿Inicio de nuevo ciclo de precios? Déjà vu

El incremento de la cotización de los metales es positivo para el Perú. Sin embargo, no se deben generar expectativas exageradas.

Hace pocos días, el cobre superó la cotización de US$ 3.0 por libra, reforzando la expectativa de que estamos ante un nuevo ciclo de precios internacionales favorable para el Perú, como señaláramos en un editorial anterior. En consecuencia, se hacen más sólidas las perspectivas de aceleración del crecimiento económico, de expansión de la demanda interna y del aumento de la recaudación fiscal.

Para empezar, hay que remarcar que el impacto positivo se daría en la medida en que las empresas mineras aumenten ingresos por su producción, lo que elevaría el pago del impuesto a la renta (IR) y, muy probablemente, llevaría a continuar con la recuperación de la inversión en exploración, que ya mostraba mejor dinamismo los últimos 12 meses.

Sobre las inversiones, este ciclo sería de impacto inferior al que experimentamos durante el anterior, fundamentalmente porque no hay proyectos de clase mundial a la vista (es decir, de gran tamaño) que vayan a entrar en producción a mediano plazo. En el ciclo anterior entró en operación comercial Antamina (2001), se produjeron las ampliaciones de Cerro Verde (2007 y 2016) y las Bambas (2016) y entraron en producción otras minas como Antapaccay, Toromocho y Constancia; este ciclo muestra una relativa sequía. A nadie escapa que este bache es consecuencia de la acción exitosa del movimiento antiminero, que durante la década pasada detuvo proyectos próximos a iniciar su ejecución y que ahora estarían en producción comercial, lo que desincentivó el desarrollo de otros. La factura por la inacción o la incompetencia de los gobiernos que hicieron posible los logros de este movimiento las va a pagar el país y el gobierno de Pedro Pablo Kuczynski (PPK) en los próximos años.

Mirando al futuro, a mediano plazo se espera que entren en operación comercial dos unidades mineras de mediana envergadura: la ampliación de Toquepala en 2018 y Minas Justa luego de 2020. La posible implementación del proyecto Quellaveco en Moquegua (con producción estimada equivalente al 10% de la producción de 2016) se encuentra a la espera de aprobación del directorio de Anglo American en 2018. Actualmente se está redimensionando el proyecto y buscando socio para desarrollarlo. En un escenario óptimo, entraría a producir recién en 2020. También está en perspectiva Michiquillay, cuyo concurso ya se convocó y debería adjudicarse el 15 de noviembre del presente, entrando en producción en 2021. A largo plazo, el proyecto de cobre de mayor envergadura del país es La Granja, de Río Tinto, ubicado en Cajamarca, que añadiría 500,000 TMF de cobre (el 21% de la producción de 2016). Sin embargo, el proyecto aún se centra en la etapa de definición del diseño y de la tecnología a aplicar, por las características particulares del yacimiento.

En consecuencia, recibiríamos los beneficios del aumento de los precios y de la inversión en el desarrollo de proyectos, que solo lograrán su madurez en la etapa operativa hacia 2021, con un incremento esperado del 30% de producción adicional de cobre. Como se puede observar, en los próximos años no habría un aumento importante de la cantidad producida que permita multiplicar los ingresos.

En este contexto, la economía recibiría un impacto positivo inicial, que se vislumbra será importante, dinamizará la inversión y el consumo, y permitirá aliviar la cada vez más difícil situación fiscal que se está experimentando. Sin embargo, su impacto tenderá a extinguirse si no está acompañado de acciones públicas y privadas que lo multipliquen.

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