Editorial: Huelgas y fragilidad política

Las condiciones económicas serán mejores en el segundo año de Gobierno, pero no está claro si el Presidente Pedro Pablo Kuczynski podrá manejar la compleja situación políti-ca.

El largo periodo de desaceleración del crecimiento económico que hemos estado experimentando parece que ha llegado a su fin. Como señalamos con anterioridad, estamos al comienzo de un nuevo ciclo externo favorable, que debe incidir de manera positiva en el consumo, la inversión y la recaudación tributaria. A esto se debe añadir la reversión de los efectos negativos que produjo El Fenómeno de El Niño (FEN) costero, ya que el exceso de lluvias que perjudicó la agricultura, ahora la debe favorecer con el aumento de la productividad en la próxima cosecha y más adelante, con la mayor disponibilidad de agua al haberse colmado las represas y las napas freáticas. De igual manera, el gasto de rehabilitación y reconstrucción que se está realizando, aunque tendría mayor impacto el próximo año y en 2019, debería incidir en el aumento de la demanda interna y en la recuperación del sector construcción.

El gran interrogante que surge ante esa perspectiva es la contribución que va a realizar el Gobierno en la recuperación: ¿la va apoyar o entorpecer? En circunstancias normales, deberíamos esperar que provea una estabilidad política que permita mirar el futuro con razonable seguridad y la gobernabilidad que garantice el orden público y haga posible el libre flujo de bienes y servicios. En este contexto, debemos señalar que durante su primer año, el Gobierno del Presidente Pedro Pablo Kuczynski cumplió con proveer estas condiciones, a pesar de que los factores económicos estaban en contra y que debió afrontar los inesperados impactos del FEN costero y del escándalo Odebrecht. Sin embargo, su segundo año está comenzando con señales que hacen temer un deterioro en su capacidad de gobernar. En consecuencia, en lugar de apoyar, esto crearía obstáculos para la recuperación óptima del crecimiento de la economía.

Los factores que llevan a temer un desarrollo en esa dirección son varios. En primer lugar, parece que se está haciendo evidente que el Presidente cometió un serio error al intervenir directamente como negociador en el conflicto con los maestros. Su intervención elevó sus expectativas, especialmente de aquellos que no lo apoyaban al inicio, lo que ha prolongado el conflicto y acrecentado las demandas. Pero lo que es más peligroso, puede incentivar reclamos futuros, políticamente motivados, ante la perspectiva de elevar un conflicto al nivel del Presidente de la República.

Un segundo factor tiene que ver con la tensión cada vez más fuerte de la relación del partido Peruanos por el Kambio y el Gobierno, que podría llegar a una ruptura. Hasta hace poco el conflicto se percibía como uno entre los miembros del partido y los invitados por el Presidente. Sin embargo, las declaraciones públicas de sus principales dirigentes, entre ellos su Secretario General, Gilbert Violeta (pidiendo cambios en el Gabinete y en la orientación de las políticas), parece indicar que ahora este se ha elevado a una discrepancia entre el partido y el Presidente. La raíz del problema parece estar en la pretensión de los miembros del partido de ser parte de la próximas elecciones regionales y municipales y en la negativa de PPK a esta demanda. Los miembros del partido tienen una aspiración legítima, mientras que el Presidente, que presume una derrota catastrófica que lo perjudicaría, tiene una posición pragmática. El problema para Kuczynski es que este desacuerdo pueda terminar en la ruptura con su partido o en la participación de este en las elecciones en contra de su voluntad.

Finalmente, tenemos las declaraciones públicas de la lideresa de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, criticando al Presidente por haber “perdido el norte y la capacidad de emprender las reformas que el país requiere”, y reclamándole cambios en el Gabinete y en el rumbo de su Gobierno. Es difícil interpretar el significado de esta declaración, pero por lo menos señala la intención de distanciarse del Gobierno y del rumbo que está siguiendo. Esto es muy perjudicial, produciéndose pocas semanas después del diálogo que a iniciativa de Fujimori se llevó a cabo y que permitía esperar una coordinación más fluida entre el Ejecutivo y el Legislativo. No deja de llamar la atención la coincidencia en las críticas y pedidos del partido PPK y la lideresa de Fuerza Popular.

El problema que tiene que resolver el Presidente es complejo, difícil y de mucha importancia. En parte refleja factores que estuvieron presentes desde que asumió el Gobierno y que no se han resuelto o mejorado, lo que ha contribuido a agudizarlos. En las circunstancias actuales, le corresponde evaluar con seriedad los reclamos que le llegan desde su partido y desde la primera fuerza de oposición y, como mínimo, debería empezar por corregir el aislamiento creciente en el que se encuentra y evitar la práctica de gobernar con un grupo pequeño y cerrado.

Editorial: Huelgas y fragilidad política