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Un balance ante un cambio inesperado en la conducción económica (Cainco)

Un balance ante un cambio inesperado en la conducción económica (Cainco) 

De manera sorpresiva, el 24 de junio pasado el Ministro de Economía, Luis Arce, anunció su alejamiento temporal pero prolongado del Ministerio por problemas de salud que requerían un tratamiento urgente. El anuncio lo hizo acompañado del Presidente Evo Morales, quien le deseó una pronta recuperación. De hecho, Arce acompañó a Morales desde el inicio de su gestión en 2006 y según The Wall Street Journal es el responsable del éxito económico. Históricamente ha sido el ministro que más tiempo ha permanecido en este puesto: 11 años y 5 meses.

En su lugar, el presidente Morales posesionó como nuevo ministro a Mario Guillén, quien desde 2008 fue Viceministro de Pensiones y Servicios Financieros, uno de los colaboradores de confianza del exministro Arce y artífice de la nueva ley del sistema financiero y de la creación de la administradora pública de fondos de pensiones que reemplazará a las dos de carácter privado.

En lo que sigue, se hará una evaluación preliminar de la gestión del ministro Arce enfatizando los principales aspectos que marcaron su paso por la cartera de Estado y sus implicaciones.

Un aspecto que jugó a favor del exministro Arce fue la combinación entre conocimiento técnico y capacidad de negociación política. Su paso por el Banco Central de Bolivia entre 1987 y 2005 fue determinante para la solidez y familiaridad en el manejo de las cifras macroeconómicas.

De hecho, la institución monetaria lo capacitó en el ámbito de la programación financiera y monetaria, una herramienta de consistencia económica perfeccionada y difundida por los centros de formación del Fondo Monetario Internacional (FMI), tópico en el cual demostró hábil manejo en su carrera docente de política monetaria y luego en su rol como ministro.

De igual forma, el ente emisor le permitió cursar estudios de postgrado en Warwick gracias a una beca del gobierno británico, donde su línea de investigación fue la dolarización o sustitución monetaria en Bolivia. Las conclusiones de su tesis en dicha casa de estudios ya apuntaban a la política de apreciación de la moneda nacional como una forma de disminuir la dolarización, la cual se plasmó en los primeros años de su gestión hasta 2011.

En el ámbito político, Arce es socialista desde su juventud y, por tanto, conocedor de la lógica de negociación y toma de decisiones en ámbitos sindicales y colectivos. Ese conocimiento fue clave para que en el periodo de bonanza pueda negociar con distintos grupos de interés y evitar un incremento acelerado del gasto fiscal, como el observado en otros países de similar orientación.

No obstante, su formación política y el hecho de que en su paso por la universidad haya sido testigo del ajuste macroeconómico más severo en la historia boliviana para detener la hiperinflación en 1985, promovió un sesgo contrario a las políticas de ajuste estructural y al rol del mercado.

Por tal motivo, en la conducción económica del país orientó sus esfuerzos al fortalecimiento del Estado como empresario, primero con la nacionalización de las empresas privatizadas en los años noventa, y luego con la creación de empresas estatales de industrialización de los recursos naturales en propiedad del Estado.

Pese a que propugnó la diversificación e industrialización, estos objetivos no fueron alcanzados durante su larga gestión. Por ejemplo, el índice de complejidad económica (un indicador que conjuga la diversidad con el conocimiento implícito en las exportaciones, calculado por el Media Lab del MIT), disminuyó del puesto 104 en 2006 al 116 en 2015.

De igual forma, la obsesión por la construcción de un Estado empresario industrial le impidió tomar medidas que puedan promover la inversión del sector privado, exceptuando una nueva ley para el sector financiero que, a pesar de fijar tasas y cuotas para el crédito productivo, ignoró otras restricciones que han impedido que la inversión privada pueda contribuir más.

Es decir, el énfasis en las políticas monetarias y financieras (convencionales y no convencionales) y su orientación ideológica, truncaron la posibilidad de tener una efectiva alianza público-privada para el desarrollo del país, donde el sector privado pueda aportar aún más al crecimiento.

No se esperan grandes cambios en la conducción económica del país, puesto que el equipo ministerial es el mismo y tiene una impronta muy fuerte del pensamiento económico de Arce. Por un lado, es positivo para el país, dado que continuará el énfasis en la estabilidad macroeconómica; pero, por otro lado, y si continúa la visión ideológica sin apertura al sector privado, restringiría las posibilidades de crecimiento en un contexto adverso al país.

En este último tema, una señal positiva el pasado 6 de julio del nuevo ministro fue la reunión del consejo público y privado, creado por el presidente Morales, como señal de acercamiento entre ambos sectores para iniciar un diálogo centrado en el crecimiento y el empleo. Esta tarea será crucial para Guillén, puesto que las finanzas públicas se deterioraron severamente desde el fin del súper-ciclo y él deberá ver la forma de restaurar el equilibrio fiscal y externo.

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