Argentina

Recuperación condicionada por el atraso cambiario y la presión fiscal (Ecolatina)

Recuperación condicionada por el atraso cambiario y la presión fiscal (Ecolatina) 

Al cierre del primer semestre de 2017, la economía argentina muestra señales de lenta mejoría. La inflación se desacelera gradualmente y la recuperación de la actividad va sumando nuevos sectores. Es probable que la performance de la economía alcance su pico durante el tercer trimestre, dándole algo de oxígeno al gobierno en la carrera electoral.

Sin embargo, dicha mejora (coyuntural) se basa en el sostenimiento de los desequilibrios macroeconómicos, principalmente el atraso cambiario y los deficits fiscal y externo (estructural). El atraso cambiario generado por el elevado endeudamiento externo y una tasa de interés local que fomenta el carry trade, impulsa la demanda interna (moderando la inflación y abaratando el consumo de bienes y servicios dolarizados) pero no ha logrado un impacto significativo sobre el aparato productivo local.

Más aún, la apreciación cambiaria potencia la falta de competitividad que genera la elevada presión tributaria local (supera la de nuestros principales socios comerciales) sobre los sectores transables de nuestra economía. Esto tiene como correlato un mayor crecimiento de las importaciones respecto de la producción local y el deterioro de nuestras exportaciones. Medidas en cantidades, las importaciones de bienes de consumo alcanzaron un nivel máximo, pese a la mediocre performance económica.

La conjunción de una presión tributaria asfixiante en el sector formal con atraso cambiario condiciona el crecimiento sostenido del aparato productivo. A esto se suman una tasa de interés en pesos que incentiva la inversión financiera en detrimento de la productiva, en pos de la promesa del paraíso de la estabilidad de precios que está lejos de concretarse.

Vale destacar que el gobierno de Macri ha mejorado las instituciones y lanzado iniciativas para mejorar la productividad. Entre ellas destacan: solucionar el déficit de infraestructura, apuntalar la oferta interna de energía, reducir los costos logísticos y acotar los costos laborales no salariales. Sin embargo, estos avances sólo tendrán un impacto positivo significativo sobre la producción local en un contexto macroeconómico equilibrado.

La magnitud del déficit fiscal explica la imposibilidad de bajar los impuestos (el proyecto oficial de reforma tributaria prevé un impacto neutro en la recaudación) pero también los problemas de competitividad externa: la única forma de financiar un rojo tan elevado sin apelar a la emisión es con endeudamiento en el mercado de capitales internacional. Esta estrategia tiene patas cortas: si el gobierno no comienza a mostrar resultados en la reducción del déficit, la confianza de los inversores puede mermar complicando el acceso al financiamiento externo. El presidente Macri lo sabe y es por eso que tras las elecciones se prevé que el Ejecutivo profundice el recorte de gastos para achicar el bache fiscal.

Mientras tanto, el aumento del endeudamiento externo no se está traduciendo en una mejora de las posibilidades de repago de dicha deuda. Por un lado, el atraso cambiario reduce el potencial de las exportaciones y la inversión en sectores transables que abastecen el mercado doméstico. Por otra parte, si bien se observa un aumento de las importaciones de bienes de capital y avances en obras para reducir el costo de los fletes hacia los puntos de exportación, también se vislumbra un creciente consumo de bienes y servicios del exterior.

El esquema descripto explica la heterogeneidad de los resultados económicos obtenidos. La recuperación es dispar porque las economías regionales y la industria están jaqueadas por el combo atraso cambiario con menores restricciones a las importaciones y elevada presión fiscal. Asimismo, explica por qué tanto la recuperación del consumo como de la inversión impulsan mayormente a las importaciones –en especial de bienes finales- en detrimento de la producción local.

Lo que sucede en el empleo formal es correlato de la dinámica de la economía. Este se recupera muy lentamente, con una muy baja elasticidad empleo-producto, e impulsado por el sector servicios y la construcción que están menos expuesto al atraso (este último acelera la sustitución de máquinas importadas por asalariados privados en la industria). Además, sólo se observa crecimiento respecto de noviembre de 2015 en las modalidades de trabajo con menor carga tributaria (monotributo vs. asalariado privado).

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